Vote marzo de 2010
Desde aquí, aprovecho la oportunidad para reivindicar el valor del esfuerzo. Invito a cada uno de ustedes para que infunda en los pequeños, en los infantes y adolescentes el amor por la superación de las dificultades. Nada que sea fácil merece nuestra atención.

Vale la pena servirnos de esta ocasión para describir las características de la situación que nos proponemos construir: un país donde la sensibilidad moral, los valores espirituales, el sentido ético del deber y hasta la capacidad de ser decentes, sean los atributos naturales de cada persona. Un país donde a la par que se recuperen los valores morales y éticos, desaparezcan por igual causa el narcotráfico, la violencia, la corrupción y el fraude.

Pensamos que debe mejorarse el esquema actual de la estructura administrativa del Estado: Profundizar la descentralización, ejercer con lujo de competencia la administración departamental y municipal para hacerla más asequible a la gente, para reacondicionarla a nuevas y cambiantes circunstancias.
Tengo la certeza de que nuestros copartidarios no se entregan por prebendas, sino que tienen los valores correctos para tomar decisiones hacia el futuro. Por eso, creo que de mis características, de mis múltiples defectos y algunas virtudes, lo que puede primar para obtener su apoyo en el futuro será mi demostrada disposición al trabajo. Al trabajo duro y honesto. A la permanente actividad y la múltiple aparición en diversos escenarios.

Quiero decirle a través de ustedes a todos y todas, que de la aplica­ción y el esfuerzo depende el éxito en las metas que nos tracemos. Que de las labores difíciles se obtienen los mejores resultados. Que el éxito en nuestra sociedad debe construirse con sudor y lágrimas, con mucho sudor.

También, es fundamental fortalecer nuestros valores, para mejorar al mundo. El humanismo, el desarrollo y el orden, unidos a la solidaridad, la moralidad en nuestros propósitos y acciones y el compromiso indeclinable con las buenas causas, deben brillar en nuestro horizonte para conducirnos por el camino correcto.

Colombia necesita una población de perfil entusiasta y rebelde; que derrote la civilización de lo fácil y lo ligero. Aprender con dedicación y esfuerzo, así sea complicado. En nuestro país, la educación básica anual debe impartirse, como en las naciones desarrolladas, al menos en mil doscientas horas. Hay que mejorar las pruebas que se imponen para ensayar la idoneidad de los educandos al final de cada período educativo, sea de la educación media o la superior, y adoptar exigentes sistemas de evaluación para los docentes e instituciones educativas; hay que incrementar el tiempo que dedicamos a los oficios religiosos; y hay que mejorar nuestra actitud hacia el trabajo.
PROPÓSITOS
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